Sábado, en la tarde, me cargan se me hacen eternos, el tener que ir a la oficina de mi viejo todos los sábados se hace latero y sólo quiero llegar lo más antes posible para terminar y largarme rápido. Llego y subo al ascensor, no hay nadie, llego a la oficina y comienzo mi latera misión, dejar limpio el lugar donde trabaja mi Padre, donde según él se gana mi plata para los carretes y para las tonteras que le pido -bueno tiene razón en eso- limpio y sólo me falta limpiar los baños, la cocina y la camioneta que se encuentra en el subterráneo del edificio, siempre dejo al final la camioneta, porque es la más latera de todas las cosas que tengo que hacer en la tarde, una vez que terminé de limpiar la cocina, dejo los baños para el final, para así poder lavarme después de limpiar la camioneta y hacer más rápida mi salida, salgo del departamento y llamo al ascensor; Ascensor!! y llega a mi, se abre la puerta, hago ingreso de él y siento, siento ese olor, un olor que ya había sentido antes, un olor que me hizo pensar, que me hizo recordar mas que nada, en un texto anterior hablé acerca de los recuerdos que se encapsulan en el tiempo y que conllevan olores, bueno he aquí donde el olor entra por mi nariz y me transporta a Arica, a mi niñez, fue increíble me sentí casi dentro de mis recuerdos, ohh que me sentí bien, fue demasiado rico, de hecho fue tan bueno que el hecho de limpiar la camioneta se hizo agradable, ya que mientras la limpiaba, me encontraba en otro lugar, en un lugar donde fui muy feliz, donde las tardes de verano eran lo mejor de mi vida, esperábamos esas tardes durante todo el año, donde entre juegos de fútbol, guerras con globos de agua o simplemente no hacer nada, se pasaban mis mejores recuerdos de verano que tengo, de los cuales ahora que lo pienso bien, tengo pocos, se me han ido olvidando con el tiempo, una lata por lo demás, pero muy de vez en cuando ahora, los llevo a mi mente, para hacer más agradable este verano traidor.
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